Louis Pasteur, médico francés y gran investigador, que vivió entre los años 1822 y 1895, definió el vino como "La más sana e higiénica de las bebidas". Esa definición, revolucionaria en su época, es nuestra definición maestra. De forma más rigurosa y científica, aunque menos hermosa, está definido en España desde el Estatuto del Vino de 1932 y admitida y apoyada por la O.I.V. (Oficina Internacional de la Viña y del Vino), especie de O.N.U. del vino fundada en 1.924 y constituida hoy por las representaciones de los gobiernos de 45 países: "El vino es la bebida resultante exclusivamente de la fermentación total o parcial de la uva fresca o del mosto".

Esta definición lo dice todo, ilustra y tranquiliza al consumidor. El vino es un producto totalmente natural, que proviene de un fruto hermoso (la uva) y que se convierte en vino mediante un proceso natural (la fermentación). Lejos deben quedar los temores hacia algo artificial o como se dice vulgarmente "químico".

Nuestra definición:
El vino es el producto natural nacido exclusivamente del fruto de la viña, planta que crece pegada a la tierra y muere cerca del corazón del hombre. En su trayecto y existir acompaña como nadie a nuestra dieta latinoamericana y es el mejor testigo de nuestros momentos felices. El vino es un delicioso líquido, complejo y delicioso y que además está formado por más de 800 compuestos todos naturales, algunos de ellos hoy todavía sin terminar de identificar.

El componente más abundante del vino es el agua que ocupa en volumen del 80-90%. Disueltas en el agua o en suspensión coloidal, se encuentran esos centenares de sustancias que completan la composición del vino y que vienen unas de la planta, otras de la tierra y otras de la transformación del azúcar de la uva en vino (fermentación alcohólica) y de otra fermentación que no se hace en todos los vinos y es transformación de ácido málico en ácido láctico (fermentación maloláctica).

Otros componentes:
Aparte del agua, que es el soporte, tiene: - Sustancias con gusto azucarado (azúcares y alcoholes): aportan al vino la suavidad, la pastosidad y el sabor dulce. - Sustancias con sabor ácido (ácido tartárico, málico, succínico y láctico): protegen al vino de la acción de los microorganismos. - Sustancias con sabor salado (sales de iones fosfato, sulfato, cloruro...): aportan al vino sensación refrescante y salada, haciendo que el vino sea ágil y rápido en su paso de boca. - Sustancias con sabor amargo (materias tácnicas o compuestos fenólicos): juegan un papel muy importante en el sabor, color y tacto de los vinos, en su cuerpo y estructura.. Y, por último hay algo que tiene el vino y que a veces el consumidor lo ignora y son las vitaminas. El vino tiene gran riqueza vitamínica. En el mosto se encuentran ya muchas vitaminas que se transmiten al vino, proporcionándole gran variedad y cantidad de nutrientes y elementos necesarios para la vida.

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